Una yucateca a la hora del té inglés. Parte IV. El clima

Una yucateca a la hora del té inglés. Parte IV. El clima

Por Alma Burgos Simón

Como les prometí, por fin nos subimos al tren…

Lo primero que descubrí es que junto a cada puerta de acceso hay una pequeña zona para colocar equipaje u objetos grandes, porque los trenes son significativamente largos, pero bastante angostos, por lo que las cosas de gran tamaño se deben quedar ahí.

Coloque mis casi 40 kilos de equipaje divididos en dos maletas en ese lugar y nos fuimos mi esposo y yo a buscar nuestros lugares que estaban a unos cinco metros de la puerta y de las maletas.

Ya acomodados, inició el viaje. Me senté en la ventanilla para ver el paisaje, pero para serles honestos, la mayor parte del tiempo me pasé viendo otra cosa… mis maletas.

Sí, así como lo leen, cada que el tren llegaba a una estación y las puertas se abrían para dejar subir y bajar pasajeros, yo estiraba todo lo que daba mi cuello para estar segura de que mis valiosos 40 kilos de ropa siguieran ahí y no alguien los tomara y se bajará corriendo.

Adivinen quién era la única haciendo eso… sí, yo, la yucateca recién llegada al Reino Unido. 

Una hora después de viaje, llegamos a nuestra estación. Bajamos del tren, salimos de la estación en Sheffield y entonces por primera vez en mi vida, vi nieve caer. 

Y es que queridos amigos y amigas lectores, yo había llegado a mi destino un 24 de diciembre, prácticamente en el inicio del invierno británico. 

Ver y sentir la nieve fue una experiencia muy bonita, pero solo fue el preludio de lo que me esperaba.

Alma Burgos en el Reino Unido

Porque, así como en Yucatán en lugar de haber las estaciones normales: primavera, verano, otoño e invierno tenemos: calor, me muero de calor, menos calor y algunos días de frío. 

En el Reino Unido tienen: frío, algunos días de calor, mucho frío y me muero de frío. 

Pues yo llegué en lo mejor: invierno o lo que es igual a “me muero de frío”.

Con menos un grado de temperatura tenía engarrotadas las manos como garras, la nariz y la cara roja, las orejas congeladas y las tres capas de ropa que traía sobre mí no parecían ayudar en nada.

Caminamos unas calles, nos subimos al camión y luego de un viaje de unos 25 min, llegamos a casa, un pequeño departamento, que será tema de otra historia, en la calle Heavy Gate Road, que se encontraba casi en la cima de una colina.

Para ese momento ya eran casi las 5 de la tarde. Dejamos las maletas y en eso mi esposo me dijo:

-—¿Quieres descansar o quieres ir conmigo al súper por las cosas que faltan para la cena de Noche Buena?

—Vamos, quiero conocer —le respondí

Volvimos a salir y caminamos hasta el súper más cercano que se encontraba a unas cuatro calles. Suena cerca ¿verdad?, lo que no saben es que eran cuatro calles cuesta arriba, por lo que esa simple tarea requería bastante esfuerzo y la verdad es que tomar el bus por cuatro calles me daba mucha codera, recordemos que costaba unos 50 pesos.

La subida no era fácil y la nieve lo complicaba más, pero ver como las calles se cubrían de blanco y más en esas fechas, me hacían sentir dentro de la típica película navideña.

Compramos la comida y una botella de vino rosa para brindar a las 12 de la noche y regresamos a casa.

De camino, pasamos por un parque por lo que sin perder tiempo me puse a jugar cual chamaca e hice mi primer muñeco de nieve. Estaba bastante feo y pequeño, pero no me pude quedar con las ganas.

Llegamos a casa, nos bañamos y alistamos —para no perder la tradición de cenar elegante en casa en Noche Buena, aunque nadie más te vea— cenamos y nos fuimos a dormir. Mi primera noche en Reino Unido.

Desperté emocionada para ver las calles aún más cubiertas de nieve y mi sorpresa fue encontrarlas cubiertas… de lodo. Resulta que la nieve es fabulosa el primer día o dos, de ahí en fuera se mezcla con toda la suciedad mientras se derrite y les prometo que ya no tiene nada mágico.

Además de que a mí nadie me contó de otro reto, el pavimento congelado o como ellos le dicen “black ice” —porque el pavimento es negro—, lo tuve que aprender a la mala y sola, cuando al día siguiente salí a caminar y al dar un mal paso en el piso congelado, perdí todo el glamour y terminé en el suelo.

Continuará…