El dilema de la Suprema Corte de Justicia de los EEUU con la ausencia de Ruth Bader

El dilema de la Suprema Corte de Justicia de los EEUU con la ausencia de Ruth Bader

Por Luis Hevia Canto

La muerte de Ruth Bader Ginsburg (RBG), jueza de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos de América, dio un giro a la campaña presidencial de ese país. El interés de los republicanos por designar a su sucesor este año ha despertado indignación entre los demócratas, quienes parecen carecer de recursos para evitar la imposición. Si tomamos en consideración el desarrollo de la contienda, la composición de este Máximo Tribunal cobra mayor relevancia, pues estará facultado para dirimir impugnaciones respecto denuncias en el proceso electoral, e incluso podría jugar un papel clave en los resultados de la elección.

Quien sea escogido para ocupar el lugar que dejó vació RBG, tendrá zapatos muy grandes por llenar. El histórico legado construido por la difunta jueza representó el desarrollo de temáticas sociales como la discriminación racial y el medio ambiente, pero sus aportaciones más importantes las hizo en torno a los derechos de las mujeres.

Gracias al trabajo que la jueza Bader Ginsburg realizó en vida, las mujeres estadounidenses adquirieron el derecho a tener hipotecas y tarjetas de crédito sin necesidad de la autorización de un hombre. De igual manera, estableció la prohibición de discriminar mujeres embarazadas en el entorno laboral, y garantizó el acceso igualitario a la educación.

Al momento, la Suprema Corte se encuentra integrada por ocho jueces, tres de ellos con tendencias liberales, afines a los demócratas, y cinco conservadores, afines a los republicanos. Debido a que estos ocupan el cargo de forma vitalicia, la elección del escaño vacante será determinante para establecer la composición ideológica del tribunal.

Mitch McConnell, líder de los republicanos en el Senado, anunció que haría uso de su mayoría en la Cámara para designar este año como juez a quien recomiende Donald Trump. El experimentado legislador, consciente de las posibilidades de que su partido pierda el Senado y la presidencia en noviembre, busca hacer uso de su posición de poder mientras aún cuenta con ella.

Esta intención despertó molestia entre los demócratas. En el año 2016, Barak Obama intentó recomendar a una persona para la Suprema Corte después de que falleciese el juez Antonin Scalia. El líder republicano bloqueó desde la Cámara Alta la propuesta del entonces presidente por considerar muy prontas las elecciones que darían fin a su administración. En ese entonces, al titular del ejecutivo le quedaban once meses en el cargo.

A pesar que en este caso el día de la votación es en seis semanas, el senador republicano argumentó que ya no era vigente la misma lógica aplicada con Obama, pues tanto el presidente como el Senado pertenecían al mismo partido, a diferencia de hace cuatro años cuando la presidencia era demócrata y la Cámara Alta republicana.

Si hay un personaje en la política estadounidense que se ha ganado el mote de villano es Mitch McConnell. Él ha sido la cara y principal impulsor de controversiales legislaciones, algunas que, se podría considerar, atentan contra la democracia de su país. Su fortaleza como líder recae precisamente en esta disponibilidad de asumir el fuego, pues deslinda a sus compañeros senadores de golpes a pesar de emitir sus votos en el mismo sentido.

Por esto, no le ha costado asegurar los votos que necesita para validar la propuesta de Donald Trump. El Senado está compuesto por cien curules, de los cuales le corresponden cincuenta y tres. Solo necesita cincuenta votos para lograr su cometido, y aunque ya hay dos senadoras republicanas que se mostraron inconformes, aún puede darse el lujo de perder a otro legislador y cumplir su objetivo.

Prometer llenar el poder judicial con juzgadores conservadores ha sido una propuesta constante de los republicanos y les ha permitido obtener beneficios electorales. Desde antes de la muerte de Bader Ginsburg, Donald Trump exponía como argumento de campaña la cantidad de jueces afines a su ideología que instaló en juzgados federales. Además, por esta promesa se adhirieron a él republicanos moderados en la campaña pasada, a pesar de las acusaciones sexuales que se hicieron en su contra.

Ahora bien, después que pareciera inminente la derrota de Donald Trump debido a la ventaja adquirida por Joe Biden en las encuestas durante las últimas semanas, la narrativa cambió. Trump ya podía ostentar un triunfo que le recordaba a los republicanos la importancia de votar por alguien de su partido, y alejaba su atención de la pandemia y la crisis económica. Cuando se anunció la muerte de Ginsburg, los donativos a la campaña del actual presidente aumentaron considerablemente tras días en los que batallaron para conseguir recursos.

Los analistas prevén que en el presente proceso se bata el récord de denuncias electorales presentadas ante juzgados federales. Los republicanos han buscado inhibir las votaciones mediante correo, mientras que los demócratas buscan ampliar las opciones de voto para los ciudadanos. Aún más, Donald Trump ha puesto el reflector sobre el desempeño de estos juzgadores pues afirmó que dependería de ellos poder conocer los resultados de la elección el mismo 3 de noviembre (día de la votación).

Cabe mencionar que quien pierde en el juzgado federal puede apelar ante la Suprema Corte; sin embargo, existe la posibilidad de un empate debido a la ausencia de un juez. En esta situación prevalecería el criterio del juzgador federal, lo que dota de mayor importancia su papel en la elección.

Esto no quiere decir que el Tribunal Supremo no vaya a ser importante en el proceso. De hecho, el argumento de algunos senadores republicanos para defender la elección inmediata del nuevo juez es que la Corte debería estar completa por si ocurriese alguna controversia en la elección, de lo contrario podría generarse una crisis constitucional. Recordemos las elecciones del 2000, Bush vs Gore, en las que la Suprema Corte intervino para definir al ganador.

McConnell aseguró que este año se instalaría el nuevo juez, la duda es si será antes o después de la elección. Hacerlo antes podría resultar contraproducente, pues existe el riesgo de que los republicanos sean castigados en las urnas por abusar de su mayoría. Por otro lado, si se hace después y pierde Trump, quien haya sido electo carecerá de legitimidad y podría suscitarse una controversia.

Independientemente de cuándo se vaya a hacer, Trump busca capitalizar la situación a su favor para obtener votos al recomendar un perfil que apele a grupos poco afines a él, como mujeres y latinos. De acuerdo a información de su equipo de campaña, elegirá a una mujer de algún estado que pueda resultar clave en las elecciones.

La muerte de Ruth Bader Ginsburg cambió la cara de las elecciones presidenciales de Estados Unidos al darle a Donald Trump. Gracias a la mayoría que tiene en el Senado, el Presidente puede optar por designar a un nuevo juez del Tribunal Supremo antes de las elecciones para tener una ventaja en la inminente batalla electoral que se luchará en juzgados, o podría reservarse el poder de decisión para hacerse más atractivo ante los republicanos; vender que votar por Trump es asegurar una Suprema Corte de Justicia conservadora por años.