El Desdén hacia la Crónica: Una Afrenta a la Identidad Meridana

abril 10, 2026

Por Sergio Grosjean Abimerhi

Mérida, Yucatán, 10 de abril de 2026.- La insolencia manifiesta en el escrito dirigido hacia nuestra apreciada maestra, Teté Mezquita Méndez —poseedora de un currículo irreprochable y de una capacidad intelectual para el oficio cuya excelencia quedó ratificada tras su impecable gestión al frente de la FILEY—, no es solo un agravio personal, sino una afrenta directa a la solvencia profesional sumada al desaire cometido por el mismo irrespetuoso e irreverente Gonzalo Navarrete Muñoz contra los también nuevos cronistas Arq. Ileana Beatriz Lara Navarrete, Dr. Jorge Cortés Ancona y Dr. Jorge Victoria Ojeda mediante la incomparecencia a su nombramiento -en dos eventos diferentes y distantes en tiempo-, constituye un sombrío vaticinio institucional y cívico  para la ciudadanía, en especial para los meridanos. 

La crónica de una ciudad no es un trofeo para el ego, sino un apostolado de la verdad y la decencia, es por ello, que ser cronista es un honor que exige, ante todo, integridad y respeto, por lo que me resulta inaudito que alguien que ostente este cargo muestre tal actitud hacia sus propios colegas.

 El desdén  y la  falta de educación, son la prueba de que quien actúa con tal bajeza, carece de la calidad moral necesaria para representar la historia de nuestra ciudad. Es por ello que considero imperativo reseñar ciertos acontecimientos que, bajo ninguna circunstancia, deben ser omitidos, sino analizados con el rigor que merecen.

Hace aproximadamente un año, la Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán anunció con beneplácito que, por primera vez desde su constitución en el año de 2018, la ciudad de Mérida sería la sede de su VI reunión anual. Este evento representaba un hito para nuestra organización, pues ya había cosechado notables éxitos y un amplio reconocimiento en diversos municipios de la entidad donde se celebró anteriormente, consolidando así un movimiento en favor de la memoria histórica que ahora, finalmente, llegaba a la capital.

Al difundirse el programa, diversos espacios de opinión subrayaron la imperiosa necesidad de que el Ayuntamiento de Mérida debía designar nuevos fedatarios de la historia urbana o cronistas. Esta urgencia derivaba del sensible fallecimiento de nuestro ilustre colega de las letras y entrañable amigo, don Juan Francisco Peón Ancona, en el año 2020, y de la posterior partida del maestro, colega y amigo Jorge Humberto Álvarez Rendón, ambos pilares fundamentales de la crónica de Mérida y socios fundadores de nuestra asociación.

Ante esta orfandad histórica, Mérida quedó bajo la custodia de un solo cronista; Gonzalo Navarrete Muñoz, situación que se vislumbraba compleja ante el vertiginoso crecimiento demográfico de la urbe. Resultaba vital que el Cabildo confiara el registro de nuestra memoria a plumas exentas de ataduras partidistas, capaces de trabajar en una armonía que, hasta entonces, parecía esquiva para el cronista  Gonzalo Navarrete. 

Con beneplácito, la sociedad meridana recibió la convocatoria para la designación de nuevos cronistas, respondiendo de forma ejemplar a través de instituciones que postularon a personajes  de probada solvencia intelectual.

El 30 de julio de 2025, el Dr. Miguel Vera Lima —cronista de Izamal, integrante de nuestra Asociación y decano de la crónica a nivel nacional— publicó en el Diario de Yucatán una lúcida reflexión titulada “Designación de cronista en Mérida”. En ella, con espíritu constructivo, señalaba entre otros puntos: “Tocará al Cabildo en pleno […] elegir a la mejor o mejores personas pensando —libre de ataduras partidistas— en qué pluma(s) confiarán la crónica de la ciudad de Mérida, que trabaje de común acuerdo con la labor que en la capital realiza el buen amigo don Gonzalo Navarrete Muñoz”. 

Es imperativo destacar el tono cálido, generoso y profundamente profesional del doctor; una cortesía que, a la luz de los hechos, resultó a todas luces excesiva para el destinatario como se observa en el siguiente párrafo. 

La réplica no se hizo esperar, e impulsada por un indisimulado celo ante la posibilidad de dejar de ser el eje gravitacional de la crónica meridana, no se hizo esperar. Al día siguiente, bajo la sección «Cartas al Diario» del mismo rotativo, Gonzalo Navarrete Muñoz publicó una misiva dirigida al Dr. Vera Lima; un texto donde la megalomanía se disfrazó de crítica para arremeter contra el nombramiento de quienes venían a compartir un espacio que él consideraba su feudo personal. Su postura quedó manifestada en estas breves pero reveladoras líneas:

“ahora le dio por opinar sobre los cronistas de Mérida y sobre lo que tiene que hacer el ayuntamiento al respecto ¿por qué no va a pedir que nombren a otro cronista en Izamal, ciudad tan importante de la que es cronista? Vera Lima habla en nombre de una asociación cuyo presidente era cronista de Valladolid viviendo en Cancún. En el pasado, otro amigo, el Dr. Renán Góngora Biachi, nos convocó ¡era cronista de Valladolid viviendo en Mérida! Esa, entre otras, fue la razón por la cual los cronistas de Mérida tomamos distancia. También, muchos de los integrantes de la asociación de marras no son cronistas ni tienen nada que ver con la crónica…”

Resulta de un cinismo absoluto que el señor Navarrete recurra a este argumento para descalificar la memoria de quien llama su «amigo». Es notable cómo el Dr. Góngora Biachi —figura a la que jamás se atrevió a cuestionar en vida— fue blanco de sus críticas oportunistas, aprovechando la seguridad que le brinda la ausencia física de quien sí poseía la estatura científica, intelectual y moral de la que él carece.

Con este pronunciamiento, la distancia entre los actores de la crónica regional quedó sellada mediante una narrativa que cuestionaba no solo la pertinencia de las opiniones externas, sino la estructura misma de la asociación que las respaldaba, es decir, más que una crítica, fue un desplante que pretendía invalidar tanto la opinión externa como la legitimidad de nuestra asociación. Tras el recuento de las notas periodísticas, es imperativo entrar en materia para señalar, con la seriedad que el oficio exige, las imprecisiones en las que incurre Gonzalo Navarrete Muñoz. Hay que decirlo con absoluta claridad: el señor, sencillamente, miente.

Su primera falsedad, esgrimida con ese aire de elegante de “distanciamiento” que pretende haber adoptado por voluntad propia, se desmorona ante una realidad mucho más prosaica: Gonzalo Navarrete Muñoz jamás fue convocado a formar parte de nuestra Asociación.

Mi oposición a su ingreso fue tajante y la establecí como condición ineludible ante nuestro admirado y primer presidente, el Dr. Renán Góngora Biachi. Mi postura no fue producto del capricho, sino que se fundamentó sólidamente en los antecedentes de sus desafortunadas y reiteradas expresiones hacia numerosas personas, así como en las pintorescas e imaginativas inexactitudes que solía difundir con asombrosa soltura en sus intervenciones ante guías de turistas, a quienes, curiosamente, impartía cursos.

Resulta ciertamente memorable, por citar un caso que los mismos guías de turistas solían referir, su imaginativa aseveración de que la esquina de las calles 62 por 63 recibía el nombre de “Peón” debido a supuestos peones de hacienda que allí habitaban. Semejante hallazgo ignoraba con pasmosa ligereza el linaje histórico y nobiliario de la zona, una desatención que raya en el descuido intelectual. ¿Pueden imaginarse la expresión de estupefacción de don Juan Francisco Peón Ancona cuando me lo relató?  Una anécdota que, para colmo, ya circulaba como verdad absoluta entre varios amigos guías. Ante tales y tan singulares aportaciones a la historiografía local, sumadas a un temperamento crónicamente incompatible con la concordia y el rigor académico, su integración a nuestra Asociación era, por decir lo menos, absolutamente inviable.

Falta también a la verdad al fabricar una inexistente «distancia» con los otros cronistas de la ciudad. Es un engaño flagrante: tanto don Juan Francisco Peón Ancona como el maestro Jorge H. Álvarez Rendón no solo fueron miembros activos de nuestra Asociación, sino que ostentaban la máxima jerarquía como socios fundadores. Pretender que tomaron distancia de nosotros es, además de una mentira, una falta de respeto a su memoria.

En lo personal, el vínculo con ellos fue de una fraternidad profesional absoluta: don Juan Francisco presentó mi obra El convento de Monjas de Mérida la de Yucatán en 2010, y el maestro Álvarez Rendón hizo lo propio con Calles, esquinas y arcos de Mérida. Asimismo, figuras de la talla del Dr. Góngora Biachi y los apreciados maestros Roldán Peniche y José Juan Cervera, también socios nuestros, apadrinaron mi libro Anécdotas de las cantinas de Mérida, para que amarre, cuya nueva reimpresión verá la luz el mes entrante.

Respecto a la existencia de la Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán —a la cual se refiere con ironía en su desfortunado escrito tan propio de quien se sabe excluido —, su origen es claro. En el año 2016, presenté el proyecto de El Gran Libro de Yucatán a nuestro amigo el  Lic. Dafne López Martínez, entonces director de CULTUR, quien acogió la propuesta con entusiasmo. Fue en ese recorrido por los 106 municipios del estado donde surgió la oportunidad de consolidar un anhelo que se gestaba desde la época del ilustre Renán Irigoyen Rosado.

Al formalizar el acta constitutiva con el apoyo de CULTUR, reiteré al Dr. Góngora Biachi que Gonzalo Navarrete no tendría cabida en la agrupación. El Dr. Góngora, comprendiendo las razones, los términos fueron aceptados. Por lo tanto, al no haber existido jamás invitación alguna, su narrativa de -tomar distancia- no es más que una falacia decorativa.

Finalmente, en un evento apoyado por CULTUR y por su mismo director, se firmó el acta constitutiva de la Asociación, en conjunto con El Gran Libro de Yucatán, el que por cierto, hace dos meses, presentamos una edición actualizada gracias a la iniciativa privada  del grupo CORME y las facilidades del H. ayuntamiento de Mérida por uso de  El Olimpo; lugar donde desde hace meses sesionamos el último sábado de cada mes y abierta al púbico de 11am a 12pm  para escuchar las amenas ponencias de los cronistas e historiadores.

Ya para concluir, y con base a las declaraciones de la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada,  queda en manos de la Comisión de Igualdad de Género del Ayuntamiento la revisión de este caso y la decisión sobre la permanencia o destitución de este citado personaje. Es de esperarse que la alcaldesa y su equipo de trabajo, tras haber conducido un proceso histórico para designar a cuatro figuras de excelencia como nuevos cronistas —a quienes reitero mi felicitación—, preserven la integridad de dicha labor y no permitan que este capítulo empañe un precedente tan loable para la memoria de nuestra Mérida.

El Cronista Yucatán

El Cronista Yucatán es un esfuerzo periodístico enfocado a contribuir a la opinión pública en temas que atañen a la política y a la cultura, principalmente.

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