El deleznable negocio del balompié en el país del bienestar

junio 9, 2026

Por Rafael Gómez Chi

Mérida, Yucatán, 9 de junio de 2026.- Nunca en mi vida he sentido la euforia por el fútbol, de modo que soy una rara avis en este mundo porque entiendo el juego y miro de cuando en cuando algún partido por la televisión y en un par de ocasiones escribí alguna crónica periodística de un encuentro de balompié.

No sé nada de estadísticas ni de jugadores, pero sí me causa escozor la forma en cómo se disputa un partido en la actualidad con eso del VAR, la pausa de hidratación y la manera tan soez en como alargan los tiempos añadiéndole hasta ocho o nueve minutos de compensación.

Miro los pleitos y las discusiones en grupos de WhatsApp entre seguidores de uno u otro equipo y yo solo por joder gente pongo que chsm el América.

Y no sé por qué sí me dolió que Pumas hubiera perdido el campeonato este año, porque la neta no seguí para nada toda la temporada. En materia de deportes, prefiero ver un partido de béisbol que uno de fútbol y el otro día me chuté la misa del Papa León XIV en Madrid y no soy ni católico ni creyente.

Pero ahora con eso de que pretenden imponer multas millonarias a quien transmita algún partido del torneo que inicia esta semana me parece lo más deleznable del planeta para millones de personas que sí disfrutan de ese deporte y se apasionan con ello.

Es una locura que ahora todo se mida a partir de cuánto voy a ganar, como si ese organismo fuera de la caridad o como si los equipos no tuvieran patrocinadores con millones de dólares. En México ver un partido de fútbol en la tele es chutarse tres millones de anuncios publicitarios a lo bestia.

No me espanta eso de ganar dinero ni ser rico, no pertenezco a esa franja social de gente que romantiza ser pobre y desdeña a quien obtiene recursos monetarios; es más, suelo decir que el dinero sí da la felicidad y quien diga que no, miente con sumo descaro. Pero eso que están haciendo con la comercialización de un deporte es despreciable porque esos vástagos babilónicos bien que exigen a los países organizadores invertir para ser anfitriones.

Luego andan propagando a los cuatro vientos que el deporte te aleja de las drogas ilegales. Recuerdo muy bien a Antonio Escohotado en esa frase de “la panacea institucional contemporánea para toda suerte de insanias psiquiátricas es el deporte de competición, cuya oferta de potenciales premios atrae a innumerables niños y jóvenes”, y viendo este tema del fútbol solo añado algo más de ese autor que es “la segura derrota para sus aspiraciones de gloria”.

Deberíamos boicotear las transmisiones y rebelarnos para no seguir más un torneo de esos, pero no creo que se pueda, la euforia es como un narcótico necesario e indispensable para esta sociedad que Bauman definió muy bien como de consumo.

El Cronista Yucatán

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