De mal humor, encargada niega al cronista que haya sido puesto a la venta
Por Rafael Gómez Chi
Mérida, Yucatán, 15 de abril de 2026.- ¡Aquí no hay nada a la venta! —respondió aquella mujer asomando media cara por detrás de una pequeña pantalla encima de un escritorio, sobre el cual tenía los pies desnudos.
—Entonces es mentira lo que se publicó en las redes sociales —respondió el cronista y trató de hacerle ver el motivo de su visita pero ella solo rezongó con sonidos indescifrables, exasperada, como si la petición del periodista hubiera sido la de un demonio.
Hace un par de días las redes sociales reventaron por la publicación de la puesta en venta de un hotel de la calle 58, casi esquina con 73, del Centro Histórico de Mérida, debido a que el negocio es frecuentado por sexoservidoras que atienden ahí a sus clientes en lo que dicen que fue el arte de Aspasia de Mileto. De hecho, en el momento en que el cronista acudió al hostal había dos prostitutas a la espera de parroquianos.

La intención del cronista era grabar un vídeo relacionado con la historia del lugar, ya que, por años, esta parte del centro se ha convertido en una especie de zona de tolerancia que inició en la esquina de El Venadito, en la confluencia de la calle 58 con 67, y que en la actualidad se ha reubicado hacia la calle 73.
El hotel de marras fue puesto a la venta por la cantidad de 20 millones de pesos y con el fin de atraer posibles compradores, los propietarios destacaron en la publicación que cuenta con 21 habitaciones en “excelente ubicación” y que tiene toda la documentación en regla para seguir operando. Además, por los años en los que el cronista laboró en un periódico que se localiza en la parte posterior a dicho hotel, conoce el rumbo y la historia. Pudo haberse parado en la calle y contarla, pero por la exigencia de ofrecer a las audiencias un contenido de mayor calidad, acudió al negocio con la intención de pedir los permisos necesarios para dicho contenido audiovisual.
Ese hotel se llamó Rosana Pastora y hace años el predio fue dividido en dos, separado apenas por un muro de block. En el domicilio de la derecha hay una tienda a la que el periodista entró a preguntar por los propietarios y acerca de la venta del sitio, pero la encargada fue directa: El que está en venta es el de al lado.
Hechas las aclaraciones el cronista se dirigió al predio contiguo, donde antes de ser atendido de mala gana tuvo que sortear los llamados carnales de dos sexoservidoras que se apresuraron a ofrecer sus cuerpos por una módica suma que incluía el cuarto y una ganga para una felación que, bajo otras circunstancias habría sido difícil de rechazar. Pero el cronista dijo no, “yo vengo por otros motivos”.
—¿Y a qué vienes, papito?
—A preguntar por los propietarios o la persona encargada…
—¿Y para qué?
—Mi intención es realizar un vídeo histórico del lugar debido a que está a la venta…
—¡Aquí no hay nada a la venta! —dijo la mujer detrás del escritorio interrumpiendo, malhumorada, como ordenando largo de acá, dejando al periodista con un palmo de narices mientras las dos mujeres que habían ofrecido sus servicios sexuales se reían burlonamente del cronista.