El dardo envenenado del fútbol del que ni las palomas de la Plaza Grande escaparon

El dardo envenenado del fútbol del que ni las palomas de la Plaza Grande escaparon

Una mañana con el tiempo detenido en el corazón de una afición y la desconexión de La Flaca del Amor, una argentina de nacimiento y mexicana por convicción, en la crónica de hoy

Por Rafael Gómez Chi

Mérida, Yucatán, 22 de noviembre de 2022.- La maldición de La Flaca del Amor al VAR cayó como dardo envenenado a las seis de la mañana en un grupo de WhatsApp. Después del Arabia 2, Argentina 1, la mañana para ella, argentina de nacimiento y mexicana por convicción, tenía una carga como de café medio amargo, medio dulce, tibio.

Le quedaba, como al cronista, mirar el debut de México ante Polonia en la Copa del Mundo y centrarse en la posibilidad de arrebatarle al destino las ganas de amargarles más el día. Los goles anulados a la albiceleste luego de las revisiones del VAR los tenían sumamente enojados.

Previo al partido una ola de nervios inundó a medio mundo y arrojó a los políticos a despojarse de sus investiduras y convertirse en oráculos. Mauricio Vila Dosal pronosticó 2 a 1 a favor de México mientras repartía chamarras en una primaria y Cecilia Patrón Laviada aventuró el 1 a 0 contra Polonia cuando vio al cronista al llegar a la Plaza Principal. Al final ninguno atinó al marcador.

En la Plaza Grande las sillas de hoy no eran para las audiencias con el alcalde Renán Barrera Concha, como suele suceder en los miércoles ciudadanos, sino para ver el futbol. Y desde las nueve y media de la mañana ya estaban todas ocupadas al igual que en la plaza principal de Kanasín.

Y a las diez de la mañana el tiempo se detuvo y cedió su lugar al opio de los pueblos: el bendito-maldito futbol y sus pasiones. No hubo espacio en toda la ciudad de Mérida donde no se viera gente mirando el encuentro de México contra Polonia. En ese momento en la capital yucateca no hubo otra cosa más que mirar el fútbol. Hasta Renán Barrera dejó sus actividades para ir a sentarse entre la gente que veía el partido en la Plaza Grande donde ni las palomas se perdieron las emociones del encuentro.

¿Y qué hace aquí? —preguntó un periodista a Margarita Zavala Gómez del Campo, esposa de Felipe Calderón, durante el medio tiempo.

—Me gusta Yucatán y, pues, vine a apoyar estas actividades —dijo la política, sonriente, que había llegado de la mano de Patrón Laviada a ocupar una silla.

Y por extraño que parezca ninguno de estas personas políticas y panistas, ni siquiera el Alcalde de Mérida, fueron recibidas con abucheos, como suele ocurrir en este tipo de situaciones y eso que en el lugar cualquier ciudadano podía acercarse a mirar.

El primer tiempo mantuvo a todos en vilo, pero el momento del penal a favor de Polonia en el arranque de la segunda mitad les desató la bilirrubina, solo aplacada por la forma en como Memo Ochoa le adivinó el disparo a Lewansdowsky y les devolvió el alma con el Jesús en las bocas.

Hubo momentos exultantes cuando el astro yucateco Henry Martín tocaba el balón y estuvo a punto de meterla hasta el fondo de la portería polaca, pero al final no se le hizo.

Llegó el pitido del árbitro para finalizar el partido y la gente regresó a sus cinco sentidos. La descarga del poderoso opioide que resulta el balompié cedió a la normalidad y devolvió a todos y a todas a sus quehaceres.

¿Qué sentiste con el empate de México y Polonia? —preguntó el cronista a La Flaca del Amor.

—Sentí un muy buen sabor de boca y sed de gol. La figura indiscutible fue Memo Ochoa, además me cae rebién, dentro y fuera de la cancha. Siento que empezamos con el pie derecho. Lo central fue el penal.

¿Y para el sábado que juega México versus Argentina?

—Para el sábado tengo esperanzas y bastante incertidumbre.