El nuevo Poder Judicial de Yucatán, ¿qué espera el ciudadano de él?

El nuevo Poder Judicial de Yucatán, ¿qué espera el ciudadano de él?

Termina una era y se inaugura otra, esperemos que la inexperiencia no cueste más de lo que debe

Por Rafael Gómez Chi

Mérida, Yucatán, 1 de julio de 2022.- El Poder Judicial de Yucatán inicia hoy una nueva era que debe analizarse más allá de la polémica en torno a los nombramientos de las y los magistrados. Termina la época de un grupo político que resistió contra viento y marea desde el sexenio 2001-2007.

En las últimas semanas el Poder Judicial fue objeto de una reforma que vino desde el Poder Ejecutivo y que fue ejecutada por el Congreso del Estado sin problemas. La voluntad  popular dictó la pauta en el 2021 y el momento fue debidamente aprovechado por el grupo político que gobierna. Sin duda el valor de entender los tiempos es de reconocerse.

Pero el proceso no ha sido nada fácil y sencillo. Usar el poder tiene aristas, consecuencias y lo que se reconoce es haber tomado al toro por los cuernos aun con una propuesta que orilló a los magistrados a ver por sus intereses particulares en un poder que, admitámoslo, jamás ha estado bien desde que se aumentó el numero de magistraturas.

El Poder Judicial que terminó en el último minuto del 30 de junio de 2022 tenía facciones, grupos y sobretodo tenía intereses muy marcados entre los togados. Hay que decir lo que era un secreto a voces, algunos no se podían ni se pueden ver.

Ahí estuvo la otra parte de por qué la reforma se pudo concretar, porque con la situación que se vivía la desarticulación fue fácil. Cada quien vio por sus intereses y no por los de la institución de manera institucional, valga la redundancia.

Pero llorar sobre la leche derramada es un ejercicio poco práctico, y si bien el proceso se encuentra impugnado, vemos con escasas posibilidades que lleguen a prosperar las demandas de los colectivos y sus controversias.

Ahora, ¿qué hacemos con el Poder Judicial? ¿Cuáles son sus retos, en especial los de Mario Castro Alcocer?

A los nuevos magistrados se les ha acusado de no tener experiencia judicial y eso puede ser una ventaja, pero al mismo tiempo la más amplia desventaja.

Sí, en concreto, el panorama ya lo sabemos, es gente inexperta que enfrentará una base laboral molesta y que ve con bastante desprecio a sus nuevos “jefes”. La pugna por la mejora de los salarios exhibió el conflicto de intereses de los sindicatos y de los funcionarios de carrera, por eso habrá qué ver cuál será la medicina y en qué dosis será suministrada.

¿Y al justiciable, al ciudadano común? ¿Qué le espera? Simple, esperan que haya justicia pronta y expedita. Y eso no depende solamente de que haya buenos jueces, sino de la proximidad social de los tribunales y con esto nos referimos a la accesibilidad de los ciudadanos a los órganos judiciales, un tema pendiente por falta de recursos.

Esperamos una transición exitosa al juicio en línea. Durante toda la pandemia fueron muy pocos los esfuerzos que se hicieron para que las audiencias se lleven a cabo de manera oral, sobre todo en el tema familiar, y los abogados litigantes han resentido esta implementación al ser poco exitosa. Y la tecnología, ¿por qué no usarla?

Y si el programa de austeridad que anunció el magistrado presidente Castro Alcocer se refiere a eliminar los privilegios de los que aún gozan los magistrados, aplaudimos, pero jamas deberá ser en contra de juzgados que demeriten la calidad de los servicios de justicia, porque el colmo, hay lugares, como las instalaciones de la calle 35, donde solo hay un baño para todos los justiciables que ahí acuden.

Entonces, más allá de un manual de austeridad, lo que se necesita es que los procesos de selección de jueces, secretarios, auxiliares, sean totalmente transparentes y abiertos a la sociedad. Empiecen por ahí. De ustedes, magistrados, depende que esto no haya sido la rifa del tigre porque se podrá ser el mejor teórico, se podrá carecer de experiencia y presumir que en vez de eso cuentan con todos los doctorados del mundo con excelencia, pero la realidad es más abrumadora de lo que uno piensa.