Las inútiles victorias de nadie

Las inútiles victorias de nadie

Por Luis Hevia Canto 

Al estilo de película western, el escenario político del país asemeja un mexican standoff por el juicio del exdirector de PEMEX, Emilio Lozoya Austin. Nuestro Presidente encañona y es encañonado por “La Mafia del Poder”, mientras observan con sed de sangre y justicia los espectadores, el pueblo mexicano. Ambos bandos enseñaron la fuerza de sus armas con la difusión de contundentes videos incriminatorios, y ahora el resultado de ésta tensa confrontación es una moneda al aire. 

El primero en mostrar músculo fue el Presidente López Obrador al pedir que se diesen a conocer los detalles del juicio del caso Lozoya. En minutos se viralizó un video de origen desconocido, el cual se presumió correspondía a la denuncia que hizo el exfuncionario respecto a la entrega de sobornos a senadores para la aprobación de reformas estructurales durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. 

En la grabación se puede observar a Guillermo Gutiérrez Badillo y Rafael Caraveo, dos operadores panistas que trabajaron en el Senado, recibir millones de pesos de un sujeto no identificado, pues además de no salir en las imágenes su voz es distorsionada. 

El proceso judicial contra Lozoya Austin fue un respiro para Andrés Manuel después de complicados meses de pandemia, ya que le permitió presentar resultados positivos a la población mexicana. Probablemente sea el sabor a miel después de tanta hiel, la razón por la que el Presidente presionó imprudentemente sobre el tema, y puso en peligro las garantías del debido proceso de los implicados en el proceso. 

En la difusión mediática, encabezada y promovida por el titular del ejecutivo para difundir los detalles del tema, Lozoya no solo tuvo consecuencias negativas en el combate contra la impunidad al abrirle la posibilidad a los acusados de anular elementos probatorios. También el mismo López Obrador se vio afectado, pues provocó que sus adversarios mostraran su poder de fuego. 

Comenzó a circular en la prensa un video en el que se puede ver al hermano del presidente, Pío López Obrador, recibir dinero de David León, actual funcionario de la 4T. Se presume que el dinero fue usado para el proceso electoral del 2015 en Chiapas. 

Andrés Manuel no pudo justificar con credibilidad las imágenes del video de su hermano. Pretendió aminorar la situación al justificar que no fueron sobornos sino aportaciones, y que no fue una cantidad de dinero tan grande como la del caso Lozoya. Difícil no recordar al infame exalcalde de Nayarit, Hilario Ramírez, y su frase “sí robé, pero poquito”. 

Considerando el escenario expuesto, existen dos posibilidades para el desenlace de este duelo. 

El primero es que ambos disparen entre sí, y de sus armas salga plomo. Esto implicaría entablar juicios y emitir sentencias contra todos quienes resulten culpables. Incluso contra el Presidente si fuese el caso, lo que configuraría el acto de mayor congruencia democrática visto en la historia política mexicana. 

Podría parecer un escenario lejano, pero existen las condiciones para ello, ya que el combate contra la corrupción ha sido un tema toral en la carrera de López Obrador. Además, cuenta con una pieza clave para darle continuidad a su proyecto, Marcelo Ebrard, a quien deslindó de todos los videos difundidos desde un principio. 

En el segundo escenario, más decepcionante pero también más realista, los pistoleros disparan contra los espectadores, el pueblo mexicano, y de sus armas no sale plomo sino atole. Esto implicaría que crezca el circo entorno al caso, y pase por completo de un ámbito jurídico a uno político. Entonces, la victoria que podría ser de todos, se volverá la de unos cuantos.