Hablando de escritores…

Hablando de escritores…

Por Pilar Faller Menéndez

Hace algún tiempo, en una columna periodística de Humberto Musacchio, éste habló de un desacuerdo entre dos escritores: Juan Villoro y Heriberto Yepes, en donde Villoro expuso en un artículo, la lucha que viven los que escriben y no tienen los medios para publicar sus escritos, y de cómo deben muchas veces halagar y muchas veces hasta ofrecer favores sexuales a los escritores reconocidos, con el fin de poder tener la oportunidad de que su obra pueda dar a conocerse. Heriberto Yepes le espetó a Villoro que no todos los escritores vienen de familias acomodadas como él, por lo que éste no tuvo que recurrir a dichos favores que según él, no son requeridos por los escritores consagrados que pueden impulsar la carrera literaria de escritores incipientes a los que no se les ha dado una oportunidad.

El artículo de Villoro no proporciona nombres y lo titula como “Un cuento moral”, y aunque Villoro haya tenido una vida económicamente privilegiada, ha sido reconocido por su obra por mérito propio, y si, probablemente no tuvo que pasar por las adulaciones ni pedir favores para ser publicado, pero no está lejos de lo que describe, porque desgraciadamente para llegar asomarse al mundo de las artes y ser reconocido, muchas veces no basta el talento: es necesario picar piedra muy dura a pesar de que existen instancias públicas que tienen recursos destinados para tal fin. Pero la mafia existe en todos lados y en este ámbito no es la excepción, y siempre se favorece a los “cuates” o bien, sirve para pagar con favores.

Con lo anterior, no pretendo decir que solamente los que se encuentran en una buena posición económica son los que llegan a dar a conocerse, hay muchos artistas de origen humilde que han llegado a ser reconocidos, además de escritores, músicos, también pintores existen ejemplos como la vida de Van Gogh o de Modigliani, pintores que murieron en  la pobreza y alcanzaron la fama póstuma.

Al hablar de un cuento, hay que recordar que este género en su mayoría, se trata de una narración que es ficción, pudiendo ser en este caso, una ficción que describe una realidad sin nombres, y muy probablemente lo que motivó a Villoro titular su artículo así, motivo por el cual Yepes arremetió contra él, poniendo en evidencia de que se trataba de algo real, de otro modo ¿por qué reclamarle?

Las denuncias muchas veces vienen disfrazadas, y las que duelen más a mi juicio, son aquellas que son escritas con ironía, aquellas en las que el lector puede identificar perfectamente a los personajes a los que se refiere una narración, y más aún, si ésta se da en un contexto de conocimiento general. ¿Qué es lo que ganaba Villoro al hacer su denuncia? Esto aplica como anillo al dedo al refrán de que A quien le venga el saco, que se lo ponga.

Seguramente al escritor Heriberto Yepes le quedó en justa medida el saco, o tal vez confirmó lo que se sabe: en el caso de los escritores menos favorecidos, este tipo de prácticas muchas veces se dan desgraciadamente. Nos queda juzgar, o más bien a aquellos escritores que aspiran a publicar su obra, si esto se trata de ficción o realidad.