Ciberataque ruso

Ciberataque ruso

El papel de las redes sociales dentro del conflicto bélico; un análisis de la situación desde el mundo virtual

Por David Tovilla

Mérida, Yucatán, 16 de marzo de 2022 .-La revista de la Asociación de Comunicación Política, en su número de marzo, dedica su sección El álbum de Instagram a la cuenta del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski: «Uno de los protagonistas de inicio de año». También, el portal de la consultora Ideograma presenta un trabajo de Santiago Castelo: Comandante en jefe, y en directo. Un análisis de la cuenta de Instagram de Zelensky, que concluye: «La excepcionalidad de este caso nos anima a pensar no sólo en los preceptos clásicos de la comunicación de crisis, sino en las necesidades y exigencias de una comunicación en crisis. Instagram es una herramienta eficaz en la construcción de todo liderazgo político. En este caso, la cuenta de Volodymyr Zelensky, al menos en el período analizado, refuerza su imagen de héroe, desmiente rumores e instala temas en la agenda».

Dichas publicaciones estimulan a la observación de los comportamientos comunicativos derivados de la invasión de Rusia a Ucrania. Al mismo tiempo, convocan a prestar atención a otros hechos derivados de la agresión militar como el combate cibernético que, si en épocas normales es una práctica sistemática del gobierno ruso, en momentos de guerra es una práctica desaforada. Se ha comprobado y exponemos un caso local reciente, de los muchos que empiezan a trascender:

El miércoles 9 de marzo se inició el seguimiento de la actividad de Zelensky, desde una cuenta de Instagram que sólo tiene interacción con empresas y personalidades locales. Al día siguiente, jueves 10, este perfil empezó a registrar una actividad inusual por cantidad e insistencia de solicitudes de seguimiento.

Con las horas, se pudo documentar que la información visible era abrumadora y con una gran pluralidad, diferente a lo que ahí se observa de manera habitual. Idiomas diversos: ruso, árabe, español, inglés. De categorías múltiples: automóviles, chicas en traje de baño o lencería, ofertas de manicura, videos del dictador Kim Jong-un, publicidad de vestuario, personajes de la vida de Rusia, platillos gourmet, celulares. Un mundo inconmensurable de contenido.

No había explicación lógica. El único modo de que aparecieran tantas publicaciones es seguir a esa infinidad de emisores. Había ocurrido. La cuenta registró una conversión de algo restringido, cualitativo, con un poco más de cien cuentas seguidas a un seguimiento masivo de casi tres mil. De tal modo que los temas de interés propios quedaron sepultados en la avalancha de mensajes.

El viernes 11 Instagram envió un mensaje: «Se bloqueó temporalmente a tu cuenta. Compartir tu cuenta con un servicio que te ayuda a conseguir más Me gusta y seguidores infringe nuestras Normas comunitarias». Era evidente que manos ajenas habían intervenido para que ello ocurriera.

El sábado 11 la novedad fue el inicio de publicaciones desde la cuenta intervenida. Amaneció un posteo propio, con datos y texto en inglés para promover el depósito en bitcoin. Lo procedente fue revisar las medidas de seguridad y notificar a la empresa para su actuación. Hasta el lunes 14 de marzo, la situación no se había resuelto.

Lo relevante no es la anécdota: es el fondo. Si ocurre una reacción inmediata de los hackers rusos ante cualquier cuenta es de imaginarse qué hacen para modificar la percepción y la acción social cuando se han planteado un propósito. En este episodio buscaron impedir la visibilidad de Zelensky. Sin embargo, hay registro de su incidencia en donde se lo han propuesto para influir en las decisiones políticas como el impulso de la separación de Reino Unido de la Unión Europea; o bien, la sistemática intrusión en los procesos electorales de Estados Unidos, desde 2014 a la fecha.

La más reciente denuncia de los hackers rusos —que sigue el mismo patrón que el caso relatado en este artículo— fue hecha por la Corona española, este lunes 14. El diario El Español da a conocer que «la cuenta de la Casa Real en Twitter empezaba a seguir al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. Pero poco después dejaba de hacerlo. (…) La Casa Real detectó lo que calificó como una «intromisión cibernética». (…) La institución informó de la manipulación y ha precisado que ha consistido en simular un seguimiento falso a la cuenta del presidente de Ucrania».

Días antes, el 7 de marzo, el Centro Criptológico Nacional (CNI) de España denunció que «el Gobierno ha reconocido la existencia de intentos de hackeo en algunos ministerios desde que Vladimir Putin ordenó invadir Ucrania. Pero la alerta más grave que ha recibido Moncloa, transmitida por el CNI, es la interceptación de movimientos sospechosos de Rusia para llevar a cabo un ciberataque contra los servicios públicos de empleo (SEPE). El CNI ha transmitido que el objetivo de un golpe contra el SEPE como el que se prepara es desprestigiar a la institución pública y al Estado, así como suscitar el descontento de la ciudadanía ante la cancelación de miles de citas en toda España y la paralización de la tramitación de nuevas prestaciones por desempleo» como documenta El Confidencial Digital.

Los cibertaques son un modo de operación en el que Rusia tiene un largo camino recorrido, no sólo en tiempos de guerra ni a su ámbito regional. Su campo de acción es el mundo entero para alterar todo lo que consideren desacorde con sus intereses.